Sobre la carrera del cristiano
“Tened en cuenta que en el estadio son muchos los que corren, pero solo es uno el que consigue el premio. Pues bien, corred vosotros de tal manera que lo obtengáis. Alcanzar la victoria en una competición deportiva exige abstenerse de muchas cosas, y los atletas lo hacen por conseguir una corona de hojas de laurel, que pronto se marchita; pero nosotros lo hacemos por obtener el premio de una corona inmarchitable. Así que yo corro a la meta con un propósito definido. Y así lucho, pero no como quien golpea el aire, sino golpeando mi propio cuerpo y tratándolo con rigor, para que me esté sometido en servidumbre y no suceda que, después de haber llamado e inscrito a otros en la carrera, yo mismo resulte eliminado.” 1ª Cor. 9:24-27, Castilian.
Las condiciones para obtener ese premio no son exclusiva de una organización o iglesia en particular. Las condiciones las pone solo Dios. Pero la decepción o el desengaño, por muy fuerte que haya sido, no hace que el premio deje de existir. Mientras que la filosofía y la ciencia se quedan sin respuestas ante las preguntas vitales del hombre, el cristianismo deja una ventana abierta a la esperanza, y eso muy a menudo se olvida. Pero un 'corazón partido' se puede recomponer si se es capaz de ver que sigue habiendo esperanza más allá de la decepción.
El centro del plan de Dios no es una organización religiosa impersonal; el centro es Cristo y todo gira alrededor de él. Si los profetas en Israel profetizaron, lo hicieron por él. Por tanto sigue habiendo razón para la esperanza. Poco antes de morir, Cristo 'se quedó más solo que la una.' Como decía Octavio Paz, 'el hombre al final, solo.' Recibió la más grande de las decepciones porque su propio pueblo lo repudiaba y hasta sus discípulos lo abandonaron. En su soledad, solo le quedó una cosa; en realidad lo que debería quedar al fin y al cabo: su relación con Dios, 'con el Padre.' Una circunstancia que muestra que la confianza radical es posible, prescindiendo de dónde esté uno o de cuáles sean sus circunstancias. Como indica Santiago, acercarse a Dios sigue siendo una opción posible: "Háganse amigos de Dios, y él se hará amigo de ustedes." -Santiago 4:8, La Biblia en lenguaje sencillo.
El bálsamo que procedía de la tierra de Galaad curaba las heridas. Hay que seguir buscando un bálsamo parecido, pero para sanar el alma. Después del trauma o de la decepción hay que encontrar equilibrio y estar dispuesto a seguir 'corriendo en el estadio.' En realidad, que se sepa no hay ningún indicio de que el premio haya cambiado o de que la carrera haya terminado. Que después de haberse inscrito, que nada ni nadie propicie que se sea descalificado.
Esteban López Julio 2007
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