Es un hecho triste que los más afectados por la presión persistente para
hacer más y más en actividades dirigidas por la organización, son aquellas
personas de entre los Testigos que son más sensibles y conscientes. Para
muchos de éstos, la argumentación - que sutilmente implica culpa si no se
siguen las "sugerencias" y "recomendaciones" de la organización para
"servicio aumentado" - crea una inquietud constante de no estar haciendo
suficiente, de no seguir el paso. Como en una noria, nunca hay un
sentimiento real de logro, sino solamente la necesidad de continuar
respondiendo mes tras mes a las exigencias de resultados, exigencias que a
veces no se declaran abiertamente, sino que se presentan de modo que
insinúan falta de fe, de celo o de amor si uno no responde a ellas. Así,
mientras muchos Testigos simplemente 'siguen a la multitud' y muestran poco
efecto por la presión, la prueba real de la religión cristiana no es lo que
ella hace para los que parecen libres de toda necesidad, sino lo que hace a
favor de aquellos que en cierto modo son frágiles y están afligidos. El
rechazo de Dios a los líderes espirituales del rebaño de Israel se centró en
eso, diciendo:
"A las enfermas no han fortalecido, y a la doliente no han sanado, y a la
quebrada no han vendado, y a la dispersada no han traído de vuelta, y a la
perdida no han procurado hallar." . . "Yo mismo apacentaré a mis ovejas, y
yo mismo haré que se recuesten - es la expresión del Señor Soberano Jehová -
A la perdida buscaré, y a la dispersada traeré de vuelta, y a la quebrada
vendaré y a la doliente fortaleceré, pero a la gorda y a la fuerte aniquilaré
. Apacentaré a esa con juicio." . . : "Aquí estoy, yo mismo, y ciertamente
juzgaré entre la oveja gorda y la oveja flaca, debido a que con flanco y con
hombro ustedes siguieron empujando, y con sus cuernos siguieron dando
empujones a todas las que estaban enfermas hasta que las esparcieron allá
afuera."
Estos pensamientos fueron expresados en una carta escrita en 1977 y dirigida
al presidente de la Watch Tower, Fred Franz. El escritor dijo:
El escritor de la carta fue René Greutmann, natural de Suiza. Hago
referencia a sus declaraciones porque creo que las experiencias que relata
resumen y confirman mucho de lo que se ha dicho en este capítulo.
Como Testigo, René había pasado tiempo en prisión por rechazar servir en el
ejército suizo. Sentía deseos de dar ayuda a los enfermos mentales, se
entrenó como enfermero y consiguió trabajo en un hospital psiquiátrico de
Zurich. Después de un año presentó su dimisión debido a la cuestión de tener
que servir a los pacientes comidas que contenían plasma sanguíneo. Demostró,
por tanto, su adherencia leal a la posición de los Testigos respecto al
servicio militar y a la sangre.
En su carta al presidente de la Watch Tower, dijo que la razón de escribir
era:
". . . darles a ustedes información de cómo sus enseñanzas y métodos me
afectaron durante los últimos veintidós años de Testigo de Jehová. Tengo la
esperanza que esta contribución arroje luz sobre muchas depresiones y
suicidios entre hermanos y hermanas muy conscientes."
Él contó como conoció y se casó con su esposa, Clarisse. Como Testigo celosa,
ella se había mudado a la zona de habla alemana de Suiza, vivió con una
familia de Testigos, y con el tiempo comenzó el servicio de "precursor",
mientras que trabajaba durante media jornada como secretaria para poder
mantenerse. A menudo pedaleaba en bicicleta durante una hora para alcanzar
el territorio que tenía asignado. Consciente como era, se forzó a sí misma
hasta el punto en que se sintió incapaz de continuar, pero el
superintendente de circuito con quién habló todavía le exhortaba a mantener
el paso. Como añadidura a su tensión, experimentó problemas con un Testigo,
un hombre casado que en ocasiones la importunaba. Ella informó del asunto al
superintendente de congregación, pero después sufrió la rabia de la esposa
del hombre casado, por haber actuado ella así. En poco tiempo cedió ante un
derrumbe emocional. Sus padres la llevaron a casa a la región francófona de
Suiza, pero ella estaba extremadamente deprimida. La mañana siguiente subió
al tejado del edifico de cuatro plantas y saltó.
Clarisse sobrevivió, pero sufrió fracturas múltiples en ambas piernas y en
la pelvis. Los médicos tuvieron que amputarle la pierna derecha por debajo
de la rodilla.
Cuando René la conoció, ella había aprendido a caminar con una pierna
ortopédica. Pero no había podido recuperarse de los efectos de lo sucedido.
Sentía que había fracasado como precursora y, por tanto, que le había
fallado a Dios y que su vida no tenía propósito. No podía encontrar perdón
por las cosas que había hecho. En su carta dirigida a la organización Watch
Tower, René escribió:
"Naturalmente, ella escuchó más tarde que "nadie la había forzado a ir más
allá de su capacidad con respecto al precursorado". Ni las personas que
hicieron esos comentarios, ni Clarisse sabían del poder de las
"recomendaciones" y de los "consejos" repetidos constantemente dentro de un
programa agotador. Pero usted lo sabe y Dios lo sabe."
Clarisse siguió tratamiento psiquiátrico por un tiempo en Suiza, y entonces
se mudó otra vez a los Estados Unidos, pero con sólo una mejoría mínima en
su sentimiento de depresión. El sentimiento de haber fallado religiosamente
persistió. René se ofreció a mudarse de vuelta a Suiza, pero ella prefirió
quedarse en California. Una noche de octubre de 1975 salió de casa para una
consulta en el Kaiser Hospital. No volvió. La mañana siguiente su coche fue
encontrado aparcado cerca del puente Golden Gate. Su cuerpo fue hallado
flotando en las aguas de la bahía. Tenía 34 años.
Me doy cuenta de que uno no puede atribuir los problemas de nadie a una sola
causa. Tampoco hizo eso René, reconociendo francamente, no sólo la
constitución emocionalmente frágil de su esposa, sino también sus propias
imperfecciones e incapacidades, preguntándose qué más podría haber hecho.
Pero tampoco tenía duda alguna de que había un factor subyacente que operó
poderosamente en contra de todos los esfuerzos por traer alivio a su esposa.
Como dice en su carta a la organización:
. . . Quisiera recomendar nuestra Asamblea a personas inestables y
sensitivas, pero no puedo recomendar desde la profundidad del corazón una
religión cuya presión casi me mató y que, estoy convencido de ello, fue uno
de los factores de mayor peso en la tragedia de mi esposa y de otros."
. . . Yo mismo hice el servicio de funeral. Fui al tanatorio con mi madre,
puse unas rosas sobre su cuerpo, la acaricié por última vez y entonces me
arrodillé y oré, agradeciendo a Dios por el tiempo que pasamos juntos,
orando para que la recordase en la resurrección. Oré para que me ayudase a
aumentar mi amor y consciencia de las necesidades de las personas a mi
alrededor, para que ayudase a educar a nuestro hijo para que llegase a ser
un cristiano amoroso."
Si, en cambio, la organización no hubiera hablado, ellos no se sentirían
libres de actuar de ese modo compasivo, se sentirían sin duda culpables si
lo hicieran, se sentirían ciertamente preocupados por mantener su posición
de ancianos si no se amoldasen completamente a la política de la
organización, y familiares desconsolados continuarían recibiendo la misma
negativa que recibió René después de la trágica muerte de su esposa. Estoy
obligado a cuestionar qué hay en todo esto que de algún modo pueda ser
descrito como espiritualmente "paradisíaco".
Algún tiempo después de la muerte de su esposa, René y su pequeño hijo
volvieron a Suiza. Se había enterado de que mientras su esposa estaba
siguiendo tratamiento médico en Suiza, un hombre que trabajaba como guardia
de frontera en el lago Lemán, la había visto, completamente vestida,
caminando hacia dentro del agua, y había ido tras ella, sacándola del agua.
Por coincidencia, la esposa del hombre había conocido a Clarisse cuando era
niña. René visitó al matrimonio para agradecerles lo que habían hecho por su
recién difunta esposa. Durante la conversación, él mencionó que los Testigos
de Jehová no servían en el ejército, y la razón era que no querían matar. La
esposa del hombre respondió de un modo que René nunca olvidó. Ella dijo: "A
veces también matamos con palabras".
No puedo decir si el presidente de la Watch Tower vio o leyó personalmente
la carta de René. Sé que la carta no pasó al Cuerpo Gobernante, pero eso era
habitual. Sea cual sea el caso, el presidente no la respondió, ya que fue
entregada a uno de los hombres en los "despachos de correspondencia" para
que se le diera respuesta. Creo que el tono general de esa respuesta refleja
claramente el de las declaraciones hechas por los ancianos de la
congregación a los que acudió René:
René Greutmann
211 Higdon Avenue
Mountain View, CA 94041
Querido hermano Greutmann:
Su carta adicional recibida el mes pasado y dirigida al hermano Franz ha
sido enviada al Departamento de Redacción.
Tenemos conciencia de las circunstancias que llevaron a la muerte de su
esposa. Sentimos mucho la confusión emocional que la llevó aparentemente a
quitarse la vida. Mientras que usted ha derivado ciertas conclusiones,
hermano Greutmann, sobre lo que la influyó en este respecto, estamos seguros
de que apreciará que es muy difícil juzgar los asuntos cuando se trata de
emociones y motivaciones humanas. Es mejor dejar los asuntos en las manos
misericordiosas de Jehová, mientras continuamos mirando hacia él para que
nos guíe, sabiendo que Él juzgará toda situación con el equilibrio apropiado
de misericordia y de justicia. Usted ha intentado colocar parte de la culpa
sobre la organización de Jehová, alegando que lo que se espera del pueblo de
Jehová respecto a asistir a las reuniones y participar en el servicio es
demasiado y lleva a la frustración e incluso problemas emocionales. Pero
aquí está usted intentando juzgar otra vez al pueblo de Jehová y a la
congregación cristiana por lo que usted ha concluido de modo personalmente.
En qué medida han contribuido a los sucesos con su esposa, su propia actitud
y opinión sobre los asuntos, y el modo en que ha tratado los asuntos con su
esposa, es algo que no podemos responder por usted. Como observación franca,
hermano Greutmann, le recomendaríamos que reconociese cómo Jehová está
dirigiendo y enseñando a su pueblo en conjunto, y la evidente bendición que
éste tiene de Jehová. Usted se siente inclinado a encontrar faltas en la
exhortación de compartir regularmente por medio de asistir a las reuniones y
de predicar las buenas nuevas, sintiendo que lo que se dice, a veces obliga
a más de lo que es razonable para el pueblo de Jehová. Los hermanos aquí en
la oficina central, por medio de las publicaciones y de otros modos, y los
ancianos en las congregaciones locales, están esforzándose meramente por
descargar su responsabilidad ante Jehová al proveer estímulo y ayuda a
nuestros hermanos y hermanas por todo el mundo, para que permanezcan fieles
a Jehová y para que cumplan la comisión de predicar las buenas nuevas del
reino como testimonio en todo el mundo. Cada uno individualmente debe
decidir cómo puede responder a la exhortación de las Escrituras de acuerdo
con sus propias circunstancias y habilidades. Cuando se valora honestamente
el estímulo recibido, no hay intento alguno de reglamentar o controlar el
pensamiento de los hermanos y hermanas, de modo que se les convierta en
robots. Su alegación de que la organización está intentado lavar el cerebro
o controlar los pensamientos de los hermanos y hermanas es realmente
infundada. A menos, por supuesto, que usted se refiera a lo que Jesús y los
apóstoles hicieron al entrenar a los cristianos y al ayudarles a hacer como
el apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 1:10 "que estén aptamente unidos en la
misma mente y en la misma forma de pensar".
Que Jehová bendiga su deseo de servirle de acuerdo con la oración del
apóstol Pablo a favor de los cristianos filipenses, en Filipenses 1:9-11.
Sus hermanos en el servicio a Jehová
Esta respuesta se dedica casi por entero a justificar el proceder de la
organización y, dicho abiertamente, a rebajar al hombre que escribió
claramente debido a su preocupación por un tipo particular de personas
dentro de la organización y por el bienestar de ellas. La carta del miembro
del personal de la oficina central contiene como mucho una frase que podría
considerase ligeramente reconfortante. Como René lo expresó suavemente: "su
respuesta no fue muy estimulante para mí, me dejó desamparado con mis
preguntas y en mi búsqueda de verdad y de amor". Él experimentó algunos
problemas serios después de la muerte de su esposa, pero con el tiempo, con
oración y fuera de la organización, los superó y ha manifestado buen
equilibrio.
Creo que la combinación de evidencias a escala mundial revela por qué es
razonable decir que en particular las personas sensitivas y frágiles
emocionalmente corren peligro en lo que se llama el "paraíso espiritual".
No puedo evitar pensar otra vez en las palabras del profeta: "con flanco y
con hombro ustedes siguieron empujando, y con sus cuernos siguieron dando
empujones a todas las que estaban enfermas hasta que las esparcieron allá
afuera"
Al principio de esta consideración expresé un sentimiento de tristeza, y lo
que se ha discutido sólo aumenta ese sentimiento. Lo que aparentemente
ofrecía esa promesa, lo que parecía abrir el camino hacia algo bello, ha
resultado en algo bastante diferente. Las cualidades excelentes que se
pueden encontrar en muchos se han desviado de su resultado final. Ha habido
un efecto despersonalizador, y hasta cierto punto deshumanizador, como
resultado de la exaltación, casi deificación, de la autoridad de la
organización. Como en el caso del anterior teólogo católico romano, la
tristeza resulta de "casos de daño hecho a personas por acciones de un
sistema impersonal y no libre". Ni los intereses humanitarios, ni el amor a
las personas que motivó a Dios a dar a su Hijo en su favor, sino los
intereses de una organización por sostenerse así misma, por implantar sus
opiniones esencialmente confesionales en más y más personas y por extender
y mantener su autoridad sobre ellos, es lo que en efecto ha conseguido
"aniquilar la idea que la hizo nacer".
Raymond Franz en "Una promesa atractiva que no se ha cumplido",
capítulo 16 de A la búsqueda de la Libertad Cristiana
Clarisse Greutmann

Los más afectados
Los factores que se han considerado no afectan a todos por igual. Por
supuesto, como en los días de Jesús, están aquellos que parecen estar
satisfechos con seguir alguna rutina concreta puesta delante de ellos,
algunos de los cuales incluso sienten deleite (y, demasiado a menudo,
orgullo) en la observancia de requerimientos tradicionales y programas
estructurados. Otros no se ven afectados de modo particular, porque
simplemente no están interesados en seguir el paso ni en obtener aprobación.
Su misma apatía les protege.
Los mismos principios aplican a los pastores cristianos, y lo genuino de su
devoción por el rebaño lo demuestra en primer lugar el interés que
manifiestan no por la "oveja lustrosa y fuerte" (NIV), sino por las débiles,
las heridas y las quebradas. Estos tendrían que ser los primeros entre todos
los que deben ser "tratados con ternura" por los pastores cristianos. El
dejar de reconocer las presiones y tensiones que la vida cotidiana en el
mundo actual impone sobres estas personas, es estar ciego a su estado y sus
necesidades reales. El empujarlas con "instigaciones" mentales y emocionales,
el dejar de suministrarles el descanso y alivio emocional y espiritual que
necesitan, sólo puede traer la desaprobación del Pastor excelente, Cristo
Jesús.
"Tengo el sentimiento de que las personas especialmente sensibles, que ya
tienen problemas por enfrentarse a un mundo cruel y exigente, se ven
agobiadas por nuestra parte con muchas presiones y amenazas de destrucción
adicionales. Los que realmente intentan ser fieles en todo, y que perciben
que sólo son hombres y mujeres imperfectos que nunca alcanzarán las
estrictas metas de servicio, de reuniones, de conducta, etc. puestas por
ustedes, están en peligro de hundirse bajo la presión combinada de
requisitos implantados en ellos uno a uno por métodos de los que no son
conscientes, de modo que no son capaces de sopesar el orden de prioridad de
todos estos requisitos, y caen en la depresión por intentar cumplirlos todos.
Me di cuenta de que solamente podía aguantar reduciendo mi exposición a la
presión constante por parte de ustedes. Solamente asistía a reuniones
seleccionadas, y excluía ciertas reuniones porque me deprimían y perturbaban."
Luego dio detalles de cuatro suicidios que conocía personalmente entre
Testigos y de otros casos de Testigos que necesitaban cuidado psiquiátrico.
René, sin embargo, tenía un caso mucho más personal que relatar.
René descubrió que Clarisse era una mujer encantadora a pesar de su
impedimento físico, era normalmente una persona brillante y abierta. Se
casaron, a los tres años tuvieron un hijo, y más tarde René la llevó a vivir
a California, con la esperanza de que eso le permitiese romper con el pasado
y superar su sentimiento de culpa y depresión. Se asociaron con una
congregación de Testigos, pero encontraron poca comprensión o calor de
acogida, y esto perturbó a Clarisse. René reconoció que su incapacidad para
dar apoyo a todas las enseñanzas y prácticas de la organización pudo haber
contribuido a que los Testigos locales no les diesen mucha atención. Él dijo
que sentía que para conseguir una aceptación completa, tendría que
"someterse a todas las enseñanzas sin pensar; convertirse en una grabadora
que repitiese fielmente todo lo que se dice". Y añade: "No sé cuánto tiempo
podría haber hecho eso sin deprimirme yo mismo".
"Extendía mis brazos y mi corazón hacia ella. Pero no sé cómo percibía el
mundo y la gente a su alrededor, no estaba metido en su piel ni en su pierna
artificial. No sufría su dolor y su aflicción. Ella era el tipo de persona
que no se puede proteger a sí misma si se le programa con requisitos
confluentes y contradictorios.
Cuando René lo solicitó, los ancianos de la congregación de California
rehusaron conducir un servicio de funeral, basados en su entendimiento del
material de la revista La Atalaya de 1 de diciembre de 1975, página 735,
sobre los funerales para personas que habían cometido suicidio. Ellos le
dijeron que tenían que 'proteger la buena reputación de la congregación'.
René no pudo entender la rectitud de tal posición inflexible. Como él
escribió:
"No tenemos que aprobar su acción. Fue incorrecta, fue un pecado. Para mí,
un funeral no significa la aprobación del estilo de vida de nadie, sino una
acción de apoyo y de amor para la familia que se queda detrás.
Se puede señalar que dos años más tarde, en la edición de 15 de octubre de
1977 de La Atalaya, página 634, se publicó un artículo que específicamente
permitía que un anciano condujese un funeral para alguien que se había
quitado la vida debido a "sumo abatimiento o enajenamiento mental". Esto no
ocurrió como resultado de la carta de René Greutmann, ya que nunca llegó al
Cuerpo Gobernante. Otro incidente trajo discusión sobre el tema. Cuando
durante la discusión yo defendía un punto de vista nuevo, recuerdo haber
llamado personalmente la atención a la endecha funeraria del rey David tras
la muerte de Saúl y de Jonatán, en la que David incluyó a ambos hombres,
aunque Saúl, una vez herido y para evitar el maltrato por parte de los
filisteos, se quitó él mismo la vida. El cambio reflejado en la mencionada
edición de La Atalaya es bueno, encomiable. Los ancianos de la congregación
en California, si hubieran tenido ese material, hubieran actuado sin duda de
modo diferente. Pero creo que lo que debe resaltarse es que sus acciones,
sus pensamientos, sus sentimientos, fueron, y probablemente todavía lo sean,
gobernados enteramente por lo que dice la organización, no por lo que la
compasión y razón humanas, los principios bíblicos y el ejemplo del Hijo de
Dios moverían a uno a hacer. Al introducir ese cambio con relación a los
funerales paras personas que se han suicidado, el artículo de La Atalaya no
presentó ningún argumento bíblico como base para tal cambio. Simplemente
hizo el pronunciamiento que "por los tan excelentes propósitos con los
cuales se cumple así, parece que un ministro cristiano no tendría nada que
le impidiera conducir el funeral" en tales casos. La organización había
hablado, y ahora los ancianos podían hacer lo que quizás sus propios
corazones les habrían motivado a hacer normalmente.
14 de noviembre de 1997