La pregunta por Dios. El cristianismo como oferta de sentido

La pregunta por Dios.
El cristianismo como oferta de sentido



La pregunta de por qué hay algo y no la nada sigue siendo la gran cuestión metafísica por excelencia. Hay preguntas últimas que no podemos evitar y somos conscientes de nuestra finitud.

Surge asombro por los orígenes y persistencia de un universo sumamente complejo, bien ajustado y sincronizado. Cualquier pequeña variación en los componentes del universo, así como cualquier error de cálculo en la forma de combinarse unos con otros hubiera hecho imposible la aparición de la vida y su mantenimiento.

Paul Davis, en su libro The Mind of God, escribe: "Los científicos conceden como algo normal que vivimos en un cosmos ordenado y racional, sujeto a leyes precisas que pueden ser descubiertas por el raciocinio humano. Sin embargo, ¿por qué deberían tener los seres humanos esa habilidad para descubrir y comprender los principios que rigen en el universo? ... Porque hay una profunda y significativa resonancia entre la mente humana y la organización subyacente del mundo natural."

La teoría de la evolución suscita también preguntas filosóficas: Si creer en un Dios indemostrable parece irracional a algunos, también puede serlo creer en azares repetidos, permanentes y universales, en lugar de preguntarse si no hay algún determinismo que explique tantas causalidades.

"Dios no juega a los dados," dijo Albert Einstein. Aunque él no creía en el ser personal judeocristiano, sí creía en un principio divino, en un Dios cósmico. Por eso rechazaba la idea de que la vida fuera el resultado de una concatenación prolongada de situaciones fortuitas. Demasiadas casualidades para no entrever la existencia de una fuerza dinámica en el universo que tienda al surgimiento del orden actual existente. El cristianismo, sin embargo, afirma que,

"El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra... él es quien da a todos vida, aliento y todas las cosas. De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres para que habiten sobre toda la faz de la tierra... él es quien da a todos vida, aliento y todas las cosas.. De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de su habitación, para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarlo, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros, porque en él vivimos, nos movemos y somos."

Pablo de Tarso, Hechos 17.


Pero, ¿es el cristianismo fiable?

Algunos suelen cuestionar las fuentes cristianas porque dicen que son solo el testimonio de cristianos para cristianos. Pero entonces habría que decir lo mismo de los testimonios que existen acerca de Sócrates y que fueron transmitidos por sus discípulos Jenofonte y Platón.

Existen unos cinco mil manuscritos griegos antiguos del Nuevo Testamento o Escrituras Griegas Cristianas. El manuscrito más antiguo que se conserva de los poemas de Homero procede del siglo XIII. El texto de las tragedias de Sófocles se basa en un único manuscrito del siglo VIII o IX. Para el Nuevo Testamento la distancia es mucho más corta, los manuscritos conservados mucho más numerosos, su concordancia mucho mayor que en cualquier otro libro de la Antiguedad. El manuscrito más antiguo que existe de las Escrituras Griegas cristianas es el Chester Beatty Papyrus No. 2 . Data, según las últimas investigaciones, del año 80 E.C, es decir, muy próximo a los escritos originales. Contiene fragmentos de nueve de las cartas del apóstol Pablo: Romanos, Hebreos, Primera a los Corintios, Segunda a los Corintios, Efesios, Gálatas, Filipenses, Colosenses, y Primera a los Tesalonicenses.

Manuscritos muy cuidados de los evangelios datan ya de los siglos III y IV. Y recientemente se han descubierto, sobre todo en el desierto de Egipto, papiros mucho más antiguos: el fragmento más antiguo del Evangelio de Juan, el último de los cuatro evangelistas, cuyo original se conserva en la biblioteca John Ryland de Manchester, data de principios del siglo II y no difiere en absoluto de nuestro texto griego impreso. Lo cual quiere decir que los evangelios existían ya hacia el año 100; las ampliaciones y reinterpretaciones míticas (en los evangelios apócrifos, etc.) solo se encuentran a partir del siglo II. Evidentemente, pues, el camino condujo de la historia al mito y no del mito a la historia.

Algunas fuentes no cristinas:

Tácito (55-125), abogado, senador y proconsul, en sus Anales (115-117) relata la historia de Roma desde el año 14 al 68 a partir de documentos oficiales. Cuando narra el intento de Nerón de culpar a los cristianos por el incendio de Roma, escribe:

"Para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos, aborrecidos por sus ignominias. Aquel de quien tomaban el nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato; la execrable superstición, momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo no solo por Judea, origen del mal, sino también por la Ciudad, lugar en el que de todas partes confluyen."

Plinio el Joven (61-103), escritor romano, legado Imperial para la provincia de Bitinia. En correspondencia con el emperador Trajano (98-117) le pregunta cómo tratar con el asunto de la persecución de cristianos en documento oficial:

"Jamás he participado en investigaciones sobre los cristianos; por tanto no sé por qué motivo o en qué medida haya de castigarlos o buscarlos. He dudado mucho si hacer alguna discriminación por motivo de edad o si tratar del mismo modo a jóvenes y a adultos; si quien se arrepiente merece indulgencia o si a uno que ha sido cristiano le sea de alguna utilidad el haber abandonado el cristianismo... Hasta ahora éste ha sido mi proceder cuando me traían personas acusadas de ser cristianas. Les preguntaba a ellos mismos si eran cristianos. A quienes respondían afirmativamente les repetía dos o tres veces la pregunta bajo amenaza de suplicio; si perseveraban, les hacía matar. Porque no dudaba, fuera lo que fuese lo que confesaban, que tal persistencia e inflexible obstinación debía ser castigada."

Respuesta de Trajano:

"Caro Segundo, has seguido acendrado proceder en el examen de las causas de quienes te fueron denunciados como cristianos. No se puede instituir una regla general, es cierto, que tenga, por así decir, valor de norma fija. No deben ser perseguidos de oficio. Si han sido denunciados y han confesado, han de ser condenados, pero del siguiente modo: quien niegue ser cristiano y haya dado prueba manifiesta de ello, a saber, sacrificando a nuestros dioses, aun cuando sea sospechoso respecto al pasado, ha de perdonársele por su arrepentimiento. En cuanto a las denuncias anónimas, no han de tener valor en ninguna acusación, pues constituyen un ejemplo detestable y no sin dignas de nuestro tiempo."

Suetonio (69-140), contemporáneo de Tácito, dos cargos al servicio del emperador: secretario para la correspondencia imperial y responsable de las bibliotecas imperiales. Escribió las biografías de los primeros emperadores romanos, Julio César, y desde Augusto hasta Domiciano. En su libro De Vita Caesarum se lee:

"Explusó de Roma a los judíos, que provocaban alborotos continuamente a instigación de Cristo." (Divus Claudius 25,4; Vidas de los doce césares)

Algunas fuentes judías.

Las Dieciocho Bendiciones se rezaban en las sinagogas, según el Talmud de Babilonia, y fue adaptada contra los cristianos durante los años del rabí Gamaliel II alrededor del año 80. Ésta decía:

"No haya esperanza para los apóstatas... y perezcan los nazarenos y los herejes. Sean borrados del libro de la vida."

Justino, en sus diálogos con Trifón, finales del siglo I, ratifica esa maldición a los nazarenos, al decir:

"Vosotros, en vuestras sinagogas madecís a los que se han hecho cristianos."

Flavio Josefo (37-100), historiador judío muy leído en la Edad Media, a quien el emperador Vespasiano le otorgó la ciudadanía romana, escribió en su libro Antiguedades Judías, lo que se conoce con el nombre de Testimonio Flaviano:

"Por ese tiempo vivió Jesús, un hombre sabio. Fue autor de obras increíbles y el maestro de todos los hombres que acogen la verdad con placer. Atrajo a muchos judíos y también a muchos paganos. Y aunque Pilatos lo condenó a morir en la cruz por instigación de las autoridades de nuestro pueblo, sus anteriores adeptos no le fueron desleales. Y hasta el día de hoy existe el linaje de los cristianos, que se denominan así en referencia a él" (18,63s).

El cristianismo no es simplemente un sentimiento religioso subjetivo; es la adherencia a una persona que vivió hace dos mil años en Palestina y que se hace presente en el mundo a través de sus testigos. A diferencia de los mitos, las noticias sobre Jesús y el cristianismo especifican tiempos y lugares específicos; hablan de sucesos ocurridos en la historia, tal y como se ejemplifica en estas palabras introductorias del capítulo tercero del evangelio de Lucas:

  "En el año quince del reinado de Tiberio César, Poncio Pilato gobernaba la provincia de Judea, Herodes era tetrarca en Galilea, su hermano Felipe en Iturea y Traconite, y Lisanias en Abilinia;  el sumo sacerdocio lo ejercían Anás y Caifás. En aquel entonces, la palabra de Dios llegó a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto."

 

El problema del mal

Auschwitch y Hirosima, con todo su horror, fueron males que se podían haber evitado. Pero existe el mal que no se entiende, aquel que rompe absolutamente todos los esquemas. Es aquí cuando el creyente se encuentra de cara con una realidad que, aunque no quiera, le supera; cuando es muy difícil relacionar ese mal absurdo y desgarrador con la idea de Dios. Pero hay que ser consecuentes y reconocer que la pregunta por el mal hay que completarla también con otra pregunta igualmente válida: Si Dios no existe, de dónde viene el bien."

El ejemplo de buenos hombres de todos los tiempos (Job, Jesucristo, etc) muestra que el mal está ahí pero que se puede y se debe luchar contra él. No obstante, hay que ser sinceros y reconocer con humildad que no tenemos un sistema total explicativo de por qué existe tanto mal. En realidad, un conocimiento transparente y total del mundo debe dejarse solo a Dios. Hay que acostumbrarse a vivir con preguntas sin respuestas. Pero el creyente, a diferencia del agnóstico o del ateo, persiste en la búsqueda inalcanzable por llegar a comprender.

El filósofo Walter Benjamin mantuvo siempre la memoria de las víctimas, de los que ya no están. Simplemente no las podía olvidar porque su clamor, para él, era demasiado grande, y llegó a reconocer aunque era marxista, la desesperante necesidad de una redención para todos ellos. La tradición judeocristiana parte también de la memoria del sufrimiento y alude a Dios como último término.

Aunque el ateísmo puede ser tan humanista como el cristianismo, procurando la felicidad y el altruismo entre los hombres, la diferencia entre uno y otro es que el cristianismo se niega a olvidar para siempre a las víctimas y mira a Dios como fuente de toda esperanza:

"Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma." -Hebreos 6


Esteban López
Marzo 2007

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