Cristianismo y crítica textual
La crítica textual suele aplicar el método histórico-científico al análisis de los libros que componen el llamado 'Canon' de las Escrituras. Sin embargo, ningún autor serio pone en tela de juício hoy día la historicidad de Jesucristo. De hecho, se puede afirmar que actualmente se dispone de más datos seguros acerca Jesús de Nazaret, que de los fundadores de las grandes religiones orientales.
La principal fuente de información sobre la persona de Jesucristo proviene de los escritos que conforman el llamado Nuevo Testamento. Son la fuente principal, pero no la única. Existen también fuentes de origen no cristiano que dan testimonio de la historicidad de Jesucristo. Por ejemplo, en el año 112, Gayo Plinio II, gobernador romano de Bitinia, provincia de Asia Menor, hace una consulta al emperador Trajano sobre los "cristianos", los cuales estaban acusados de varios crímenes, se negaban a dar culto al emperador, solo cantaban himnos a "Cristo como único Dios" y observaban ciertos preceptos como no hurtar, no robar, no cometer adulterio o no engañar (Plinio, carta X, 96).
Al redactar una historia de la Roma imperial, Cornelio Tácito, relata el incendio de la ciudad en el año 64 atribuido normalmente a Nerón como el causante, pero que éste achacó a los "cristianos." Es aquí cuando el historiador explica que la palabra "cristiano" se deriva de un tal “Cristo, ajusticiado por el procurador Poncio Pilato bajo el imperio de Tiberio,” tras cuya muerte esa "funesta superstición" ha conseguido muchos seguidores después del incendio (Tácito, Anales, 15,44).
Poco tiempo después, el biógrafo imperial Suetonio, explica cómo el emperador Claudio explusó de Roma a los judíos, quienes continuamente provocaban desórdenes por causa de "Cristo" (Suetonio, Claudius, 25,4. Y en Roma, en el año 90, el historiador hebreo Flavio Josefo redacta un testimonio que habla acerca de la lapidación de Santiago, “hermano de Jesús, llamado el Cristo,” ocurrida en el año 62 (Josefo, Atiquitates, 20,9,1; 18,3,3).
La zona geográfica donde tuvo lugar la historia de Jesús de Nazaret es fácilmente LOCALIZABLE. Es la historia de un hombre judío que vivió en Palestina a principio de nuestra era. Los lugares donde vivió, lejos de ser lugares míticos, siguen estando ahí, incluida la zona de acción del Imperio Romano en Oriente próximo y partes de lo que hoy día es Europa y África.
De mismo modo, la historia de Jesús de Nazaret también se puede DATAR en el tiempo. Las Escrituras no proveen datos míticos o irreconocibles, sino bien concretos:
“En el año quince del reinado de Tiberio César, Poncio Pilato gobernaba la provincia de Judea, Herodes era tetrarca en Galilea, su hermano Felipe en Iturea y Traconite, y Lisanias en Abilinia; el sumo sacerdocio lo ejercían Anás y Caifás. En aquel entonces, la palabra de Dios llegó a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto... Jesús tenía unos treinta años cuando comenzó su ministerio.” (Lucas 3).Testigos presenciales de los hechos y dichos de Jesús bien pudieron escribirlos, aunque hubieran pasado muchos años. Como ocurre hoy en día, muchas personas mayores recuerdan, como si hubiera sido ayer mismo, hechos acaecidos cincuenta años atrás. Sería muy extraño que, ya desde el mismo principio, tantas personas estuvieran dispuestas a morir por una idea creada por simples “escritores.” La fuerza de la nueva creencia tuvo el ímpetu de alguien tan real como la vida misma. De hecho, ha movido y sigue moviendo a millones de personas a través de todos los tiempos. Una obra siempre tiene un originador, como es el caso de músicos, pensadores u otros artistas. El cristianismo no podría haber existido sin Jesús de Nazaret como fuente originadora.
De todos los manuscritos escritos en griego, ninguno es tan antiguo como los que corresponden al Nuevo Testamento. Por ejemplo, los manuscritos que corresponden a los escritos de Homero datan del siglo XIII. Sin embargo, escritos muy bien conservados de los evangelios datan de los siglos III y IV de nuestra era. Incluso una porción del evangelio de Juan es de comienzos del siglo II, lo que muestra que los evangelios ya estaban completos para el año 100 de nuestra era. Las añadiduras de los evangélios apócrifos, etc, solo pueden encontrarse a partir del siglo II, mostrando así que, primero vino la historia, y solo después, el mito. Habría que añadir que, los manuscritos del Nuevo Testamento son los más numerosos, pues existen unos cinco mil de ellos, señal del profundo impacto social que supuso el advenimiento del cristianismo en aquel periodo histórico. Canon bíblico y libros apócrifos
Aunque en el Antiguo Testamento hay varios libros apócrifos incluidos en algunas Biblias, un hecho significativo es que ninguno de ellos es aceptado como Escritura por la comunidad judía. Solo los libros de Macabeos son valorados por tener interés histórico.
Los libros que componen actualmente el llamado Nuevo Testamento son el resultado de la reunión de colecciones de libros efectuados por diferentes iglesias en los primeros años del cristianismo. Esas colecciones de cartas apostólicas y libros fueron sumándose progresivamente hasta formar algo parecido al Nuevo Testamento tal y como lo conocemos hoy día. Una colección antigua de este tipo se encuentra en el papiro Chester Beatty P46, que data en torno al 200 EC. Contiene las cartas paulinas e incluye la Carta a los Hebreos después de la Carta a los Romanos. Esto muestra que las cartas paulinas (incluyendo la Carta a los Hebreos) ya eran entonces consideras un corpus especial. Otra colección antigua es la del papiro Chester Beatty P45. Data del siglo III y contiene los cuatro evangelios y Hechos.
Estas colecciones ayudaron a que se empezara a delinear qué libros iban a ser vistos como Escritura. Algo que también ayudó en todo este proceso fue la adopción por parte de los cristianos del Códice (hojas sueltas en lugar de rollo). El número de páginas de un códice tenía que ser establecido de antemano y por ello era necesario fijar su contenido. Más tarde se añadieron las cartas de Santiago, las de Pedro, las de Juan y la de Judas. A partir de los siglos III y IV se realizaron esfuerzos por definir el contenido del Nuevo Testamento, siendo un ejemplo de ello el llamado canon de Muratori.
Es interesante notar que en las distintas colecciones de libros que se iban formando en los primeros siglos, los evangelios que no formaban parte de los cuatro canónicos no estaban incluidos. Así no existe ningún manuscrito o colección de libros que contenga, por ejemplo, Mateo, Lucas y Pedro, o Juan, Marcos y Tomás. La crítica textual puede ser un buen sistema de análisis que aporte información util sobre la escritura de la Biblia, si es que el exégeta actúa de manera imparcial y sin ser ‘mártir de sus teorías’ o de otros intereses. Pero quizá habría que tener en cuenta que la fe cristiana no se basa en la teología, ni en la tradición ni solo en un libro. La base de la fe es Dios mismo, cuya Palabra siempre se manifiesta de manera espiritualmente excelsa para el bien del ser humano. Dios ha hablado y habla de muchas maneras. Él no se deja a sí mismo sin testimonio, sino que ‘sus cualidades invisibles se ven por las cosas hechas.’ De hecho, como se dijo hace ya mucho tiempo, y muchas personas pueden sentir, ‘Dios no está muy lejos de cada uno de nosotros.’ Por eso, ya que la fe cristiana es esencialmente una fe histórica, cuando en el futuro se hable de religión, sin duda las enseñanzas de Jesus de Nazaret seguirán siendo una fuerza poderosa y una clara oferta de sentido para la humanidad.
Esteban López
Febrero 2005
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