
"Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno."
-2ª Corintios 4:16-20, Nueva versión Internacional
Edward Dunlap, era registrador e instructor de la única escuela de misioneros de los testigos de Jehová, la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower, y también uno de los principales colaboradores en el diccionario de la Biblia Aid to Bible Understanding (Ayuda para Entender la Biblia). Fue también el escritor del único comentario bíblico de la Watchtower, Comentario sobre la Carta de Santiago. El caso de este hombre valiente y gran conocedor de las Escrituras nunca hubiera sido conocido por el público sin la publicación del libro Crisis de Conciencia, escrito por Raymond Franz. Parece que su erudición bíblica era tal que, a veces, varios miembros del cuerpo gobernante le pedían que les ayudara a escribir algunos artículos para su revista oficial La Atalaya.
Ray Franz dice que pocas personas ha conocido que fueran tan regulares y confiables en su trabajo diario en la casa Betel de Brooklyn, lugar donde se encuentra también la central mundial de los testigos de Jehová. Sin embargo, en cierto momento de su experiencia vital como cristiano, él expresó tener alguna diferencia de opinión sobre algunos puntos de carácter doctrinal en conversaciones privadas con amigos de muchos años. En la primavera de 1980 un comité de cinco hombres, ninguno de ellos miembro del cuerpo gobernante de la organización, se reunió con él en sesión secreta por varias horas, interrogándole acerca de sus puntos de vista. Después de más de cuarenta años de asociación y de haber contribuido a la escritura de numerosos artículos en la revista La Atalaya así como de varios libros, Dunlap fue despedido de su trabajo y de su hogar en la sede central internacional de los testigos de Jehová y expulsado de la organización. Súbitamente, y de un modo casi surrealista, parecía como si de nada hubiera servido tantos años de dedicación, de abnegado servicio y sabia instrucción a otros.
Cuando hace años leí sobre los detalles de su expulsión, no daba crédito a que aquello pudiera pasar en una comunidad religiosa que tan altos ideales decía mantener. Dunlap fue expulsado de Betel después de décadas de fiel servicio, con setenta años y sin seguridad social. Tuvo que empezar a trabajar como empapelador de paredes para poder mantenerse él y su esposa y cuando las fuerzas físicas no siempre están presentes ya en esa edad. Nunca pude entender cómo pudo hacerse una cosa así con un hombre que había dado tanto de sí y cuya sabiduría simplemente se despreció, como ha sido el caso de tantas otras personas con grandes cualidades pero que no pudieron evitar ser fieles a su conciencia. Y es que él podría ser un ejemplo más en la historia del cristianismo de alguien que prefirió ser leal al espíritu del evangelio que al simple dogmatismo impuesto por la fuerza.
Años después, tuve la oportunidad de mantener alguna correspondencia con él. Escribía a mano y se notaba que se trataba del pulso de una persona ya mayor pues los trazos aparecían temblantes. Cuando en cierta carta le mencioné que algunos de nosotros nos reuníamos en hogares para considerar las Escrituras y orar, se alegró mucho y reconoció cuánta tristeza le producía que tantas personas que dejaban la organización perdieran todo interés por las cosas de Dios. Todavía guardo con afecto varios escritos mecanografiados por él y algunos casetes que me envió donde trata diversos temas bíblicos con una sencillez y lucidez que cautivan. Pude darme cuenta por lo que había leído acerca de él y por la correspondecia que mantuvimos, que la dignidad humana siempre está por encima de cualquier trato vejatorio o de las simples etiquetas impuestas por otros. Una vez más tuve la sensación de que Jesús de Nazaret suele encontrarse con sus amigos a lo largo del camino. Por sus obras, por su valentía y sinceridad, Edward Dunlap mostró que creía firmemente en las palabras del texto bíblico que encabeza este artículo.
Lo que sigue es solo una pequeña porción de su pensamiento expresado en una reflexión sobre el ateísmo extraído de su Comentario sobre la carta de Santiago:
Para ver de manera más extensa la amplitud de miras de su pensamiento, puede verse el subtema Normas y presión de origen humano, dentro del capítulo Salvación por fe, no por obras, del libro A la búsqueda de la libertad cristiana.¨Y sin embargo los demonios creen y se estremecen¨
Aquí Santiago muestra que el simplemente creer no es en sí mismo fe genuina, aunque tenga algunos efectos emocionales. Los demonios, criaturas de espíritu, ángeles que no obedecen a Dios, realmente han visto a Dios y saben que él existe, y que es un solo Dios. El que ellos conozcan y crean este hecho son cosas que surten efecto en ellos… tiemblan, pues saben que están sentenciados a destrucción. Pero ciertamente no recibirán salvación, porque no solo no ejecutan obras buenas, sino que todos sus esfuerzos son obras que se efectúan contra Dios. Por eso, ¿diría alguien a los demonios: basta con que crean en Dios sin buenas obras; eso los salvará. Es interesante notar el hecho de que ninguna de las criaturas de la región de los espíritus, ni siquiera los demonios son ateos o agnósticos. El ateísmo y el agnosticismo son doctrinas que se encuentran únicamente aquí en la Tierra, entre los que dicen que tendrían que ver a Dios con sus ojos literales para creer en el o tener fe en el.¨ Pág.83.
Pueden leerse también aquí los detalles de su fidelidad a su conciencia y el injusto trato recibido, según lo explica su amigo y colaborador Raymond Franz en el libro Crisis de Conciencia.
Esteban López
Julio 2008