Max Horkheimer:
Anhelo de Justicia
"El mundo es apariencia, el mundo no es la verdad absoluta. La teología es la esperanza de que esta injusticia que caracteriza al mundo no prevalezca para siempre, de que la injusticia no sea la última palabra..., de que el asesino no triunfe sobre la víctima inocente."
-Max Horkheimer. Entrevista en 1970.
El siglo XX ha sido testigo de horrores inimaginables. Millones de personas murieron de manera violenta y atroz. Y como resultado de ello muchas personas erradicaron de sus vidas la idea de Dios. "¿Donde estaba Dios en Auschwich?", siguen preguntando.
Sin embargo, aunque es cierto que surgen preguntas serias sobre el problema del mal y la injusticia, también es cierto que a una sociedad secular o sin Dios le puede resultar muy difícil fundamentar ciertos conceptos profundoas, como es el caso de la moral, el sentido de la vida o la verdad. De eso se dio cuenta uno de los pensadores más significativos del siglo XX: Max Horkheimer. Lo que sigue es una simple pincelada de su trayectoria y de su pensamiento sobre este asunto, y se invita a que cuando se lea, se haga con detenimiento.
'Que la injusticia no sea la última palabra'
Max Horkheimer (1895, Stuttgart - 1973, Nüremberg, Alemania), junto a Theodor
W. Adorno, fue uno de los máximos representantes de la Escuela de Francfort, escuela de
pensamiento que se planteó la necesidad de desarrollar una reflexión global sobre los procesos
que consolidan la sociedad burguesa-capitalista. Con su 'teoría crítica' de las condiciones
sociales, tanto Adorno como Horkheimer denunciaron desde el principio la injusticia. Ambos
manifestaron siempre una sensibilidad especial para entender los sufrimientos inevitables como
el infortunio, el dolor, la vejez y la muerte. Sobre todo Max Horkheimer siempre apeló a una
dimensión realmente distinta que pudiera sustentar la sociedad en un mundo plenamente
organizado. Sirvan las siguientes notas como ejemplos ilustrativos de su pensamiento.
"Max Horkheimer insiste a la vez en que sin el pensamiento de Dios no se da ni sentido absoluto ni verdad absoluta, y la moral se convierte en una cuestión de gusto y capricho. Y en otro pasaje afirma: 'Es vano tratar de salvar un sentido absoluto sin Dios... Con Dios muere también la verdad eterna.'Volver"Horkheimer parte del anhelo de justicia cumplida, característica originaria del hombre. Una justicia que no se da ni puede darse en esta sociedad y en su historia milenaria: que trasciende no solo esta sociedad, sino todas las utopías intramundanas. En ese sentido, para Horkheimer no carece de importancia que exista o no un Dios, que yo crea o no crea en él. Ello es importante, porque las acciones y actitudes humanas, en el fondo, están determinadas teológicamente.
"Es decir, para Horkheimer todo lo que tiene relación con la moral se reduce en último término a teología: 'Desde la perspectiva inicial del positivismo es imposible deducir una política moral. Bajo un punto de vista puramente científico, el odio no es peor que el amor... No hay ningún razonamiento lógico irrefutable por el que yo no deba odiar, cuando de ello no se deriva para mí perjuicio alguno en la vida social. Sin una instancia trascendente y superior al hombre se podría defender de hecho, como lo hace George Orwell en '1984,' que la guerra es tan buena o tan mala como la paz, y la libertad tan buena o tan mala como la opresión. 'Pues ¿cómo se puede exactamente demostrar que yo no debo odiar, si me gusta?' El positivismo no encuentra ninguna instancia trascendente al hombre que permita distinguir entre altruísmo y afán de lucro, entre bondad y crueldad, entre codicia y entrega de sí mismo. También la lógica enmudece aquí: no reconoce preeminencia alguna a la intención moral. Todos los intentos de fundamentar la moral en la prudencia terrena y no en la relación con el más allá -el mismo Kant no siempre resistió esa tentación- se basan en ilusiones.
"De modo que la religión, o cuando menos el sentimiento íntimo de que Dios existe, tiene una importancia decisiva para la realización de una sociedad más razonable y más justa, para una ordenación plausible de lo existente (que incluya al menos la eliminación de crueldades sin sentido), para la contienda que a escala mundial se dirime entre los grandes núcleos de poder económico y que tantas buenas disposiciones humanas arruina y tantas mentiras y odios desencadenan a expensas del hombre. Existe, es verdad 'el anhelo de justicia cumplida..'
"..Para Horkheimer la religión, en la que se concentran los deseos, anhelos y quejas de innumerables hombres ante la inmensidad del sufrimiento y la injusticia, hace consciente al hombre 'de que es un ser finito,' de que tiene que padecer y morir, pero también de que por encima del dolor y la muerte está la añoranza de que esta existencia terrena no sea lo absoluto, lo definitivo.' Por otra parte, pues, está 'la añoranza por el otro'. Y esto, para una 'teología', significa que 'el mundo es apariencia, que el mundo no es la verdad absoluta, lo definitivo. La teología es -y lo digo a sabiendas con toda cautela- la esperanza de que esta injusticia que caracteriza al mundo no prevalezca para siempre, de que la injusticia no sea la última palabra, de que el asesino no triunfe sobre la víctima inocente.'"- Hans Küng, ¿Existe Dios?, págs. 665,666, Cristiandad, 1979. Max Horkheimer, Anhelo de Justicia, Trotta, 2000.
Septiembre 2004