En torno a Raymond Franz

"La grandeza, al menos la de un teólogo cristiano, se mide solamente por el hecho de si a través de su obra resplandece el mensaje cristiano, la sagrada Escritura, la palabra de Dios." - Hans Küng


Raymond V. Franz Raymond V. Franz no estudió en el Colegio Gregoriano de Roma, ni teología en la prestigiosa universidad alemana de Tubinga. Sin embargo, su labor constante y aprecio por las Escrituras le han convertido en un verdadero erudito y profundo conocedor de su espíritu. Y es que con su obra, ha sido capaz de dejar una impronta indeleble en la conciencia de muchas personas, precisamente por su esfuerzo sincero en que el mensaje cristiano resplandezca por encima del mero dogmatismo eclesiástico. No obstante, el precio personal que tuvo que pagar por ello fue alto, pues como en el caso de muchas otras personas en la historia del cristianismo, ha sufrido desprecio, ignominia e incluso expulsión por parte de la comunidad religiosa a la que había pertenecido durante la mayor parte de su vida. Puede leerse aquí un perfil más amplio de su trayectoria biográfica.

En el pensamiento de Raymond Franz puede apreciarse la importancia que debería tener la libertad cristiana en la vida del creyente en consonancia con el espíritu de las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Como escribió Pablo de Tarso, "Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud." (Gálatas 5:1, Nueva Versión Internacional). La madurez espiritual debería ser la meta concreta de todo cristiano, y eso incluye que éste pueda sentirse libre para tomar decisiones en conciencia sin que tenga que esperar constantemente las directrices impuestas por otros. Ni siquiera los apóstoles se sentían dueños de la fe de nadie y de hecho así se expresaron: "No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo porque por la fe estáis firmes." (2 Corintios 1:24, Reina Valera, 1995) Sin embargo, esa libertad significa también responsabilidad y el compromiso serio con el espíritu del cristianismo, cuya razón de ser es el amor a Dios y al prójimo.

Para Franz la persona es más importante que los reglamentos, sobre todo si estos se imponen con amenazas o abuso espiritual. En la congregación o iglesia de Dios no debería existir una relación de subordinación de unos a otros, sino verse y tratarse como lo que realmente son: miembros de una misma familia espiritual que tiene a Cristo como referencia y comparte una misma esperanza. Con esto último, Franz niega también que, según las Escrituras, existan dos clases de esperanzas, una terrenal y otra celestial, y por tanto dos clases de cristianos divididos en "ungidos" y en los que no lo son. Los escritos cristianos de la Biblia son para todo el que ha puesto su fe en Cristo Jesús, no solo para una clase exclusiva y diferente a los demás.

Llama la atención también en su pensamiento el reconocimiento de que no existe solo una iglesia "verdadera", sino buenos cristianos en todas ellas e incluso fuera de ellas. Quizá por eso su permanente renuencia a unirse a alguna denominación o a crear una nueva iglesia u organización religiosa. Como en cierta ocasión escribió, hacer ésto último solo significaría una barrera más en el ecumenismo cristiano. No obstante, él aprecia poder reunirse con amigos en hogares privados para considerar las Escrituras y compartir ánimo y estímulo.

La obra de Raymond Franz pone de relieve el efecto negativo que puede tener sobre la vida de la gente normas impuestas de carácter humano sin base alguna en las Escrituras. Aunque lo que escribe tiene que ver más con su experiencia dentro del cuerpo gobernante de los testigos de Jehová, mucho de su contenido podría aplicarse igualmente a otras iglesias o denominaciones religiosas. Clara ha sido siempre su defensa de que en el cristianismo, el único conducto entre Dios y los hombres es Cristo Jesús, no la "iglesia" o alguna "organización de Dios." Sin embargo, solo hay que familiarizarse un poco con el contenido de sus libros para observar, y eso es algo que no deja de sorprender en contraste con otras obras, el tono con que escribe: siempre sin acritud, odio o sentimiento de amargura, vislumbrándose también un profundo aprecio por todas las personas de fe que conforman la comunidad en la que pasó tantos años de su vida. Como él mismo ha dicho en más de una ocasión, "no estoy interesado en sacar a nadie de su religión, sino en que fortalezca más su relación personal con Dios."

Como en el caso de Hans Küng, cuya obra ha denunciado los excesos de la iglesia católica, Franz hace lo propio en relación a los testigos de Jehová, una organización religiosa más pequeña pero muy parecida en estructura y en el reclamo de ser la 'única iglesia verdadera.' Sin embargo, como hace Küng, él pone el acento en la única piedra angular y centro del cristianismo, Cristo Jesús. Por su perseverancia y aprecio por la verdad, Ray Franz ha ayudado a muchas personas a poder ver una perspectiva conciliadora del cristianismo, intentando resaltar la sencillez y al mismo tiempo la grandeza de sus altos principios y valores. Solo por el bien que eso ya ha logrado, ha conseguido el respeto y la gratitud sincera de miles de personas de todo el mundo.

Para un mayor entendimiento de su obra puede leerse el capítulo Una congregación de personas libres, incluido en su libro A la búsqueda de la libertad cristiana. En el siguiente enlace pueden leerse las razones que le llevaron a su crisis de conciencia personal así como algunas porciones escogidas de la primera edición de su libro. En esta dirección puede verse una entrevista realizada por televisión española.

Tanto estas obras como otras escritas y recomendadas por él pueden encontrarse en la web de su pequeña editorial Commentary Press.

Esteban López
Julio 2008


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