Miguel de Unamuno: deseo de eternidad
"Digo que lo que me pasa no me satisface, que tengo sed
de eternidad, y que sin ella me es igual todo."
Karl Rahner solía decir que 'el hombre se tomará siempre a sí mismo lo suficientemente en serio como para no renunciar a un futuro absoluto.' Quizá la desgarrada lucha interna manifiesta en la obra del escritor español Miguel de Unamuno (1864-1936) sea un buen ejemplo de eso.
Miguel de Unamuno nació en Bilbao en 1864. Estudió Filosofía y Letras en Madrid, donde obtuvo el doctorado con una tesis sobre el pueblo vasco. En 1891, obtiene la cátedra de Griego en la universidad de Salamanca, ciudad en la que vivirá el resto de su vida. Llegó a estar muy comprometido en política y en varias ocasiones sufrió bastante por ello. Unamuno veía una estrecha relación entre filosofía y religión, y en ese sentido escribió:
En su obra Historia de la filosofía (1941), Julián Marías escribe sobre Unamuno:"Filosofía y religión son enemigas entre sí y, por ser enemigas, se necesitan una a otra. Ni hay religión sin alguna base filosófica ni filosofía sin raíces religiosas; cada una vive de su contraria. La historia de la filosofía es, en rigor, una historia de la religión."Se suele decir también de Unamuno que era de fuerte personalidad y a veces contradictorio. Pero en 1897 Miguel llega a tener una profunda crisis personal que hace que profundice mucho más en asuntos religiosos. En cierta ocasión recibió una carta en la que un amigo le preguntaba sobre qué razón podría haber para que el insignificante ser humano pudiera creer, en su orgullo insensato, que le está reservado un más allá. La respuesta de Unamuno fue la siguiente:"No se lo puede considerar como un filósofo en sentido estricto; y sin embargo es extremado el interés que tiene para la filosofía. Su obra y su propia figura personal constituyen, en rigor, un problema filosófico... Unamuno, que siente vivamente el problema filosófico, centra su actividad intelectual y literaria íntrega en lo que llama "la única cuestión": la inmortalidad personal del hombre concreto, que vive y muere y no quiere morir del todo... Como Kierkegaard, como William James, como Bergson, cree que la razón no sirve para conocer la vida; que al intentar aprehenderla en conceptos fijos y rígidos la despoja de su fluidez temporal, la mata... Unamuno es un efectivo precursor, con personalidad propìa, de la metafísica de la existencia o de la vida." -Historia de la filosofía, Madrid 1941, Alianza Editorial.También, en un lugar de su diario inédito, Unamuno escribe:"No veo orgullo, ni sano ni insano. Yo no digo que merezcamos un más allá ni que la lógica nos lo muestre; digo que lo necesito, merézcalo o no. Y nada más. Digo que lo que me pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad, y que sin ella me es igual todo. Yo necesito eso, ¡lo ne-ce-si-to! Y sin ella ni hay alegría de vivir, ni la alegría de vivir quiere decir nada. Es muy cómo esto de decir:'¡Hay que vivir!', '¡Hay que contentarse con la vida!' ¿Y los que no nos contentamos con ella?"La preocupación por la religión surgió del interés de Unamuno por la muerte y el más allá. Para Unamuno la Naturaleza no obra en balde: si en el hombre existen deseos de eternidad, tales deseos tienen que tener respuesta. El hombre necesita que exista un Dios que garantice su perdurabilidad más allá de la muerte. Por eso escribe: "Creer en Dios es anhelar que le haya y es, además, conducirse como si le hubiera; es vivir de ese anhelo y hacer de él nuestro resorte de acción. De ese anhelo o hambre de divinidad surge la esperanza..." Miguel no aceptaba que el sepulcro tuviera la última palabra y consideraba que morir era un poco 'no morirse del todo', como un pacto con Dios más allá de la muerte. Por eso, en su humilde nicho de la ciudad de Salamanca, pueden leerse los siguientes versos:"Felices aquellos cuyos días son todos iguales. Han vencido al tiempo y viven sobre él y no sujetos a él. Se acuestan tranquilos esperando un nuevo día, y se levantan alegres a vivirlo. Rara vez se forman idea de su Señor, porque viven en él, y no lo piensan, sino que lo viven. Viven a Dios, que es más que pensarlo, sentirlo o quererlo. Su oración es algo que no destaca ni se separa de sus demás actos, porque toda su vida es oración." "Méteme Padre eterno en tu pecho
misterioso hogar,
dormiré tranquilo pues vengo
deshecho
del duro bregar."Bibliografía: Del sentimiento trágico de la vida, Espasa Calpe, Madrid, 1967.
Esteban López
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